Aunque cuando corremos no tenemos celulares, hijos ni jefes, eso no significa que nuestro cerebro no esté atendiendo muchos asuntos a la vez mientras vas por el pavimento. De hecho, estás haciendo acrobacias mentales: resolviendo problemas, armando listas de lo que tenés que hacer y, de momentos, entrando en estado de calma. Ocurre que, al correr, se tiene la libertad de acceder a procesos internos a los que el mundo exterior, siempre agitado, a veces no nos permite.
Los estudios muestran que los corredores de elite suelen mantenerse enfocados en la carrera (forma, ritmo, sensaciones del cuerpo). El resto de los humanos, perdemos la mente en distintas burbujas: divagando, organizando, reflexionando. Cada patrón de pensamiento tiene sus pros y sus contras. Reconocerlos te permitirá sacar el máximo de tus entrenamientos.
Si tu estilo es el de organizar tu día (o tu vida) mientras corrés, y esto te trae una sensación de satisfacción, está muy bien hacerlo. Pero si, por el contrario, mirar el panorama te pone tenso, tiene que ser una alerta a escuchar. Lo mejor es ponerte un tiempo límite para pensar en las tareas que quieras ordenar (por ejemplo, 15 minutos) y llegado su tope, pensar en algo distinto. No arruines tu tiempo de correr estresándote en vano.
Si, en cambio, solés pensar en cómo solucionar problemas mientras corrés está bien en tanto arribes a una solución. Es cierto que corriendo es más fácil desatar ciertos “nudos mentales”. Esto se debe en gran parte a que corriendo evitás distracciones, culpa o racionalizaciones. Además, los químicos que se liberan hacer sentir a tu cerebro al máximo. A la vez, correr activa nuestro hemisferio derecho compensando que, en el trabajo, se utiliza mayoritariamente el izquierdo.
Otros corredores son de divagar mucho: sus pensamientos van de un tópico a otro sin que parezca haber ningún hilo conductor. Al parecer, esto da mucha distensión ya que no pone el foco ni en el esfuerzo ni en ningún punto que te contraríe demasiado. Es bueno no estar así toda la carrera porque podés olvidarte de controlar mínimamente tu performance y perder rendimiento, algo de lo que terminarás arrepintiéndote.
Nunca olvides chequear cómo te sientes cada cinco minutos, por ejemplo.
Hay que evitar sentirse ansioso o con bronca en demasía al correr porque esto puede consumir energía extra que necesitamos para correr. Por eso, cuando te des cuenta que tu mente va en l dirección equivocada, corregí tus pensamientos para no perder los objetivos de vista.