Al llegar a casa le digo a Vero: “Voy a correr el Maratón de Rosario”,

26/06/2017
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El ganador de los 42 k de Rosario cuenta todo en una crónica única

 

Desde adentro…42kms de Rosario 2017 por Nico Ternavasio

Comienzo con una pregunta: ¿Cuándo y por qué me decidí a correr el Maratón de Rosario? Acá van todos los detalles…
Desde hace casi 2 meses decidí comenzar con un nuevo método de entrenamiento; para los que no lo saben desde hace años me autoentreno.
El método lo denomino “Mix keniata”, ya que se basa en el programa de entrenamiento que siguen los keniatas de elite, pero de distintos grupos; de los dos tomé datos y armé mi propio plan para maratón.
En él entre otros entrenamientos, incluyo fondos más largos ( progresivos) de los habituales, como por ejemplo de 40 kilómetros, distancia cercana al maratón. Justamente la semana pasada en un fondo (de 30 kilómetros), comencé a pensar en el maratón de Rosario…simplemente una ficha bajó a mi cabeza, y durante todo el tiempo que estuve corriendo (y sintiéndome bien), no dejé de pensar en esos 42 kilómetros. Quedaban solo dos días para cerrarse la inscripción.
En abril había corrido el Maratón de Córdoba, teniendo una mala experiencia que ya comenté anteriormente, pero luego de eso pude acumular varias semanas de buenos entrenamientos y volúmenes altos y constantes.
Volviendo al fondo de 30 kilómetros, les cuento de qué manera fue realizado.
El camino fue es camino en forma de “L”, llamado “Camino al cementerio”, porque precisamente termina en el cementerio, que mide exactamente 1 kilómetro, por lo que fui y volvi 15 veces, totalizando 30 kilómetros, con 100% de humedad.
Al llegar a casa le digo a Vero: “Voy a correr el Maratón de Rosario”, a lo que respondió: “Si vas yo te apoyo”.
Lo que siguió fue toda la planificación (en 7 días) para tratar de buscar mi tercer triunfo en la prueba y además lograrlo “cuidando el físico”, nada fácil ¡¡porque también dependemos del ritmo de los rivales!!
Cuando me refiero a cuidar el físico quiero decir que si la carrera se presentaba lenta, no iba a ser yo “el que avive el fuego”, ya que mi intención es correr un maratón más, al 100% de mis condiciones físicas antes de fin de año y correr 3 maratones al máximo nivel mi cuerpo definitivamente no esta capacitado para eso
Logística con mi amigo Omar para la entrega de geles, preparación de mis botellitas de agua, zapatillas, visera, lentes, alimentación a rajatabla los últimos días brindada por mi nutricionista Santiago Arriba, buen descanso y cuidar a mi terremoto Stefano de casi 3 años (quizás lo más difícil), formaron parte de mi pre-maratón.
Vamos a la carrera: Primeros kilómetros corro con Sergio Meoniz a un ritmo cómodo, similar a lo que había entrenado, por lo que voy muy bien. Sobre el kilómetro 7 se suma al grupo el gran atleta Sergio Hoffman de Tandil y otro atleta que no conocía y me sorprendió en ese momento.
Esté último atleta, no para de cambiar el ritmo a veces bruscamente, lo que nos hace salir del ritmo crucero y exigirnos más.
Todo siguió igual hasta la curva del kilómetro 14, donde después de muchos “tirones” por parte del grupo nos quedamos solos con Sergio.
De ahí y hasta el kilómetro 20 corremos a buen ritmo juntos, hasta que noto que quedo en primera posición sin compañía.
Mi idea era correr en grupo la mayor cantidad de kilómetros posible, e ir dándonos relevos para que el ritmo no decaiga,ya que hacerlo solo es mucho más difícil, pero desde ese momento supe que tendría que correr 21 kilómetros solo, y sobre todo preparar mi mente para ello.
Algo que no mencioné y que es importante es que en esta carrera fui contra las reglas de la planificación de toda maratón (ustedes no deben hacerlo, “hagan lo que yo digo, no lo que hago”), ya que si bien mis entrenamientos están planificados; al ser un nuevo sistema, algunas cosas hay que probar si funcionan para mi.
A lo que me refiero es que no hice la descarga de kilómetros típica de maratón, en más… la semana previa a Rosario corrí 180kms, y seguí sumando kilómetros la semana de la carrera, ya que la carrera estaba incluída dentro de una de mis semanas “normales.
Volviendo al ruedo; llegué al kilómetro 30 sin problemas, inclusive algún kilómetro tuve que frenarme porque estaba pasando el límite de velocidad que me había autoimpuesto antes de salir. Con los años se adquiere experiencia, y les aseguro que no es bueno exprimirse al 100% en todas las carreras (eso hacía yo en mis primeros años de atletismo).
Kilómetro 31, tomo un gel, y sigo a buen ritmo, pero pasado el kilómetro 32, aparece lo que denomino un “mini-muro”, una sensación incómoda, de malestar, de bajón físico, de dudas, como si un auto se quedara sin nafta. Ya me pasó en otros maratones, y pude superarlo, no sin sufrir bastante en pocos minutos. ¿Como lo superé? Poniendo la mente en blanco y pensando que solo era un mal momento, que ya iba a pasar…Pasaron unos 4 o 5 minutos y la máquina volvió a funcionar normalmente… en ese lapsus perdí 4 segundos.
Para llegar al kilómetro 35 tuve que hacer de “tripa corazón”, ya que el fuerte viento en contra y la subida conformaron ¡un coctel explosivo! Para ese entonces utilicé un truco mental que suelo recomendar a mis atletas, que consiste en ponerse pequeñas metas, en este caso llegar al 35, luego al 36, luego pensar que para llegar al kilómetro 40, solo me faltarían “2 idas y vueltas al camino al cementerio”, es decir muy poco.
Llegando a la zona del parque Scalabrini Ortiz, ese lugar tan temido por los maratonistas (me incluyo), increíblemente me sentí muy bien, y pasé los kilómetros 36 y 37 sin problemas.
Ya del kilómetro 38 en adelante fue otro cantar… el viento soplaba muy fuerte en contra y el sol asomaba, por lo que la humedad (que siempre estuvo presente) se incrementó, por supuesto no me olvido que llevaba casi 2 horas corriendo.
Esos 4 últimos kilómetros en subida para para una persona que entrena en la llanura de los caminos de tierra de San Vicente, son como escalar el Himalaya, pero si hay que escalarlo, siempre estoy dispuesto a ponerle garra e intentarlo; así con todo lo que hago en mi vida.
Antes de seguir quiero confesarles que en el último tramo de la carrera tuve una ayuda, y gracias a eso mi ritmo se mantuvo estable y tuve un plus extra de fuerza…¡¡El aliento de los atletas que a esa altura iban por el kilómetro 23 o 24!!
Fue algo impresionante, que me puso la piel de gallina (o de cuervo mejor dicho), en plena carrera. Ese “Vamos Nico” “Vamos campeón”, fue mi viento a favor para llegar hasta el kilómetro 40 y esperar esos 2 últimos kilómetros en bajada que siempre suelo disfrutarlos.
En todas mis competencias suelo ir muy concentrado, y no ver ni escuchar nada más que el camino a seguir y mi propia respiración, pero esta vez escuché a la gran cantidad de personas que me alentó, tanto espectadores como corredores, y traté de devolverle su gentileza con un pulgar levantado.
Llegando a la tan ansiada bajada final; donde uno se deja llevar y parece que las piernas corren solas, me dedico a disfrutar de cada paso que doy. La gente reunida me alienta más que nunca, cada zancada es un metro menos para cruzar el tan ansiado arco de llegada. Ya no miro el reloj, no se que tiempo voy a hacer, no se a que ritmo voy, solo se que me siento bien, que corro suelto y que estoy a metros de disfrutar con mi familia y seres queridos de un triunfo en el maratón que mas sensaciones lindas me transmite.
Últimos 300 metros, no sprinto como otras veces para “robarles unos segundos al reloj”, sino que voy de un lado a otro de las vallas donde esta agolpado el público y choco las palmas con todas las personas que ahí están firmes dando su grito de aliento.
Cruzo la linea de meta, y veo a Stefano, mi pequeñín querido que viene a abrazarme; le doy un beso y abrazo a Vero, mi equipo deportivo y de vida.
Alguien alguna vez me dijo que la felicidad “son momentos”, por eso estoy convencido, que cuando crucé ese arco de meta ayer en Rosario viví la plena felicidad

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