¿Querés ser como un atleta olímpico?

11/08/2016
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¿Querés ser un atleta olímpico? ¿Querés sentir lo que es desfilar en la ceremonia inaugural y escuchar el Himno cuando te reciben oficialmente en la Villa Olímpica, como es tradición? ¿Querés pasearte con la indumentaria oficial celeste y blanca para te miren desde lejos y sientas que otros te respetan y que les gustaría estar en tu lugar? ¿Querés compartir con deportistas muchos mates, charlas o duelos en una Play, y hasta animarte a pedirle una foto a un grosso? Dale, jugate a ser un atleta olímpico. Pero sabé, entonces, que el camino será largo y sinuoso.

¿Querés ser un atleta olímpico? Tenés que saber que, practiques el deporte que practiques, será fundamental que un entrenador capacitado detecte a tiempo tu talento desde pibe y le proponga a tus viejos que apuesten por vos como deportista. Que tenés pasta y que de la familia y de vos depende exprimir ese talento con el conocimiento de quien te guíe.

 

¿Querés ser un atleta olímpico? Dale, copate. Eso sí, vas a vivir años de sacrificio con una dualidad constante entre tu faceta deportiva y tus relaciones sociales, laborales y amorosas. De adolescente te vas a perder fiestas de 15, salidas a los boliches, reuniones de amigos y hasta una cita con la mina o el flaco que te cabe. Cuando ya pienses que sos grande y no sepas aún para qué estás en el deporte, vas a necesitar el apoyo de los tuyos para bancarte no poder laburar. Porque ser atleta de elite requiere dedicación full time.

 

¿Quéres ser un atleta olímpico? ¿Por qué no? Entendé entonces que quizás vas a terminar el colegio secundario rindiendo materias libres, con la complicidad de algún profe que sepa lo que es la pasión. Y si te animás a emprender la aventura de una carrera terciaria o universitaria, deberás aprender a estudiar y a hacer resúmenes en los bondis, subtes o trenes. O en auto, si es que te llevan.

¿Querés ser un atleta olímpico? Cuando ya te vean como un diamante en bruto, se van a sentar con vos especialistas de la salud y tu entrenador y te van a explicar, si saben lo que hacen, que el deporte de alto rendimiento no es justamente sano. Que a tu cuerpo lo vas a meter en una montaña rusa de exigencia enorme. Que rozarás el límite del entrenamiento, con la obligación del juego limpio. Que si tenés que subirte a un bote a las 7 en el Tigre, con escarcha en el camino, lo vas a tener que hacer. Que si el tatami está despegado, mejor moverte por un sector que esté bien, y que si un dedo está mocho, vendátelo y seguí luchando. Que si te tocan 10 pasadas de 1.000 metros son 10 y son de 1.000, llueva, truene o amenace granizar. Que vas a convivir con dolores. Que se te va modificar el cuerpo y vas a aprender a que miren tus músculos, sobre todo si sos mujer y puedas ser observada raramente por esta sociedad machista que encima te cuestionará por qué postergaste la maternidad por ser olímpica.

 

¿Querés ser un atleta olímpico? Olvidate del chori, del chimichurri, de los churros bañados, de las galletitas de la abuela, de la fritanga... Aprenderás a distinguir las proteínas de los hidratos, los azúcares de las sales, la hidratación del tomar por tomar... Y sabrás que se puede comer rico y sano al mismo tiempo. Sólo hay que animarse.

¿Querés ser un atleta olímpico? Armate de paciencia porque el trabajo se construye paso a paso y te empezarán a probar en una convocatoria al seleccionado de tu deporte. Te vas a tener que fajar con varios para conseguir un lugar en lo tuyo y luego obtener resultados en un campeonato nacional para pensar en representar al país en un Sudamericano. Y cuando llegue ese momento, entenderás todo.Tomarás conciencia de que estás siguiendo el camino de tu pasión.

¿Querés ser un atleta olímpico? Joya. Solita se te va a aparecer a menudo una señorita muy traicionera llamada "mente", que cada tanto te va poner los puntos. Te va a preguntar para qué corno te levantás tan temprano a hacer pesas o a dar paladas en un lago. Te va a cuestionar quién te creés que sos y se te va a reír cuando le digas que querés ser Highlander o la Mujer Maravilla cuando en realidad sos El Chapulín Colorado. La señorita te va a hacer la vida imposible si no te acostumbrás a domarla, a respetarla cuando te habla y a presentársela a un psicólogo deportivo que te aconseje cómo tratarla para que no se te vuelva en contra al primer traspié.

¿Querés ser un atleta olímpico? Sabé que vas a caer muchas más veces de las que vas a levantar los brazos al cielo o a agacharte en un podio para que te cuelguen una medalla. Que está en vosentender que un mal resultado es producto de un error y que los errores son aprendizaje y no frustración. Que serás mejor porque perdiste con justicia, porque te hicieron la toma justa para ponerte de espaldas o porque te dieron un gancho al hígado que te hizo colapsar.

¿Querés ser un atleta olímpico? Si ya llegaste a nivel sudamericano o panamericano, empezarás a cobrar una beca y tendrás cobertura médica. Pero estarás fuera del sistema formal laboral, sin aportes, y quién sabe qué te deparará el futuro. Y encima las becas deben revalidarse con resultados y ante el mínimo traspié sufrirás la injusticia de un descenso en la escala y de golpe te deberás replantear si podés seguir pagando el alquiler.

¿Querés ser un atleta olímpico? Con suerte se te podrá acercar algún sponsor y vas a pensar que es joda que te den suplementos nutricionales, ropa, hidratación o una malla porque sos bueno en serio. Su cercanía dependerá de tus resultados. Tenés que entender su juego. Y también aprenderás a lidiar con los periodistas: con los que estarán siempre porque les encanta lo que hacés y lo que hacen, y con los paracaidistas que te llamarán Mariano cuando sos Martín o te preguntarán por tu lucha arriba de una pedana. Respirá hondo y contestá como puedas.

¿Ahora estás realmente seguro de que querés ser un atleta olímpico? Bien por vos que entendiste las reglas. Cuando lo logres, recordá lo que disfrutaste y sufriste en el camino para llegar a jugarte todo en 10 segundos en una pista, en 2.000 metros de una regata, en 4 minutos sobre un tatami, en tres rounds, en cuatro cuartos sobre una cancha de básquetbol.

Si el destino te sonríe, las luces se te acercarán, habrás subido al Everest o serás Leo DiCaprio en la proa del Titanic. Pero si justo ese día y a esa hora no resultó nada de lo que pensabas, llorá y luchá contra la amargura, pero no escuches a los que te hablen de fracaso tirados con una birra en un sillón o con un micrófono que busca sangre en la mano.

Tené en claro que siempre habrás sido un atleta olímpico y que tu vida ya no será igual. Porque entendiste que fracasar es no animarse a subirse al tren de los desafíos y seguir esperando que otros te cuenten lo que es la vida.

Vos, que conocés lo que es ser protagonista de tu pasión, ya te ganaste el éxito. Y sos feliz.

 

Por Hernán Sartori / Fuente: Clarín

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